El paisaje como sistema vivo

El sector turístico debe entender el territorio como sistema vivo, pero requiere de herramientas que permitan realizar investigación social cualitativa

“La sensación que tengo es que estamos caminando en una vía de fragmentación del territorio, tipologizándolo en unidades de ecosistemas de suelo, territoriales…”, una reflexión con la Juan Requejo, de Asistencia Técnica Clave S.L. ha iniciado su ponencia “Paisaje y Turismo”, durante el IV Coloquio AlVelAl “Paisaje, Agricultura e Identidad Territorial”. Una reflexión fruto de una visión que integra la matriz biofísica con la socioeconómica que en el marco de la Constitución Española se llama Ordenación del Territorio.


Requejo explica que cuando hablamos de turismo hablamos de que el paisaje da valor al territorio, pero de una manera intuitiva. Asistencia Técnica Clave trabaja con tres fundamentos de los recursos del territorio para los Planes Turísticos: naturales, culturales y paisajísticos. Y considera que los recursos naturales del turismo los controlamos y sabemos que en casos en que se pone en peligro el valor ecosistémico se limitan para que no sufran alteraciones mediables y empíricamente demostrables. Algo similar pasa con los recursos culturales que, con más problema, también en saben gestionar; poniendo de ejemplo en caso de la gestión de la Ciudad Patrimonio de Santiago de Compostela, que requiere compatibilizar el atractivo cultural de la ciudad y el mantenimiento para la misma población, ya que debemos entender todo esto “como sistemas vivos y no como valores que se reconocen y se fosilizan; y para trabajar con esa visión no tenemos herramientas”.


La metáfora del libro del espejo ha servido a Requejo para explica la situación que ve en este sentido, “Todos tenemos la idea de que nuestro pueblo tiene un atractivo increíble y que si supiéramos aprovecharlo estaríamos sumidos en la abundancia, una herramienta que genera unas expectativas basadas en algo intangible, que son los valores culturales y naturales; valores que tienen todos los puntos del planeta, porque cada lugar tiene valores únicos, magníficos y extraordinarios”. Pero las percepciones del paisaje son variables según los grupos social, en el tiempo y en la organización social de cada cual.


Sistemas vivos

Sistemas vivos en los que los ritmos son importantes. “En España vivimos una revolución urbano-industrial en muy poco tiempo que ha hecho que vivamos descampados, en España no existe la cosmología rural porque la gente se va a las ciudades a vivir y los pueblo se deshabitan, generando un problema social como es el despoblamiento rural. Frente al cual “el reto es que el paisaje de los suficientes ingresos para que la gente los mantenga por sí mismos. Los paisajes se van a mantener en la medida en que generan economía”, ha explicado Requejo tras su presentación, frente a las cuestiones planteadas por los asistentes.


Un proceso que en otros países como Francia ha durado 250 y que en nuestro país se ha acelerado imponiendo una visión urbana desconectada de lo rural.


Factores que influyen en la percepción de la población sobre su territorio y que ha llevado a que el especio en el que todo es igual no guste “la expresión del producto seriado es la intromisión en el espacio rural serrano de conceptos provenientes de la revolución urbano-industrial y, de momento, no tenemos capacidad cognitiva ni conceptual para darle un valor.


El paisaje en el sistema vivo que es el territorio

Territorio y ciudad deberían entenderse como sistemas vivos que, como en cualquier sistema vivo se encuentran tres sistemas: el metabólico, el nervioso-cognitivo y el inmunológico. Este último, el que constituye nuestra identidad a través de las relaciones con el exterior. Es lo que ocurre en una ciudad, cuya identidad se construye a través de su permanente estado de interrelación con el exterior.


Mientras, el sistema metabólico, forma parte del paisaje como es el agua, la energía, la eliminación de residuos o los basureros. Y el sistema de transportes, información, movilidad o flujos de información; entre otros, conforman el sistema nervioso.


“Y en todo esto, el paisaje ¿Dónde está? Es todo, pero es vivo, integral; y por tanto su trabajo mediante despiezado tiene un problema ¿Quién lo recompone? Porque está vivo”, ha planteado Requejo.


Sector turístico

Desde el punto de vista turístico existe un problema y es la confusión entre espacio turístico y destino turístico. El espacio es el hecho territorial, la parte del territorio donde se localizan los elementos relacionados con la actividad turística y sus recursos pueden ser aprovechados para formar productos turísticos, infraestructuras, alojamientos y espacio de actividades.


Mientras el destino turístico es una decisión de mercado, un conjunto de características que configuran una opción diferenciada y reconocible en la decisión de compra por parte de los consumidores.


Destinos turísticos que pueden ser radicalmente distintos en un mismo espacio turístico en función de la lectura que le de cada segmento de la población a ese espacio, a sus condiciones de organización y sus símbolos iconográficos.


Distintas interpretaciones de una misma realidad del territorio que hace importante trabajar con los estudios de los grupos sociales representativos, residentes o visitantes; y su estructura de valores cambiantes y dinámica de significado. Es decir, “Trabajar con técnicas de investigación social cualitativa”, apunta Requejo.


Y es que, la calidad paisajística es una construcción social que provoca situaciones de valor inverso, generando efectos paradójicos en función de los grupos sociales. Por lo que “El paisaje nos lleva a otra dimensión de las cosas, a qué sociedad queremos”; finaliza Juan Requejo.


Conclusiones

Para finalizar, y a modo de conclusiones, Juan Requejo ha apuntado que el paisaje, tal y como lo percibe la población está asociado a valores cambiantes de un territorio según su proceso evolutivo y grupos sociales, por lo que los significados sociales de las mismas cosas cambian. Es el caso de explotaciones como el cargadero de Río Tinto, en Huelva; donde ha pasado de generar movilizaciones para su eliminación a ser Bien de Interés Cultural y rasgo cultural básico de la ciudad de Huelva; o en el caso de los aerogeneradores en Cádiz, donde los locales los aborrecen mientras que es un reclamo para los turistas.


También, explica Requejo, hay que entender que el paisaje es una visión distinta de los servicios ecosistémicos; una percepción del territorio como sistema vivo. Como ejemplo, de nuevo, la Ciudad de Santiago, en la que, si sólo hubiera turistas, sería un yacimiento; como ha ocurrido con las Ramblas de Barcelona, “Eran punto de encuentro de los barceloneses, hoy son una representación de las mismas, pero ha perdido esa razón de ser punto de encuentro para la sociedad, ahora es un punto de referencia para el turismo solamente”.


La cosmología urbana predominante y exclusiva condiciona la percepción de la población. La valoración de las personas que habitan el mundo rural no es la misma que se le da desde la ciudad; los que han vivido el territorio rural son los únicos que tienen esa cosmología en la cabeza, de entender el territorio como un sistema vivió complejo, entendiendo su metabolismo.


La percepción del turismo del paisaje está afectada por un problema que es el de la simplificación “El hecho de que los turistas consideren que conocen un lugar sol por visitar determinados puntos”, apunta Requejo.


Es preciso desarrollar conceptos y metodologías que aporten herramientas para analizar el paisaje tal y como lo percibe la población, distinguiendo por grupos sociales relevantes, territorios y momentos diferentes. Y para trabajar en la diferenciación de productos turísticos hay que comprender qué es lo que tienes para ofrecer una propuesta de viaje que se convierta en vivencias, en experiencias. “El paisaje debe ser un impulsor de la vivencia del territorio, de la experiencia de visitarlo. En este concepto se integra también la convivencia con la comunidad residente”, concreta Requejo.


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